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Monica_55905 Jul 16

UNA TRANSICION JUSTA EXIGE INCLUIR LA AGENDA DE GENERO

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La Agenda 2030 muestra el compromiso de los países con objetivos ambientales, sociales, de gobernanza y económicos que convergen de manera sistémica e integrada y que necesariamente requieren de un modelo de trabajo decente para hacerlo realidad.
El trabajo decente es el punto de partida y el elemento clave para que podamos hablar de economía de triple impacto, de un modelo de desarrollo sostenible y de empleo verde. De nada sirve reducir impactos ambientales si se vive en una sociedad que no puede garantizar condiciones dignas de trabajo, formalidad e inclusión.

En este sentido, sistémica y transversal, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, deja en claro que la inclusión y la igualdad de derechos sin distinción de género atraviesan al conjunto de sus objetivos; incluyendo por supuesto al ODS 8 de trabajo decente, el que compromete a los países a lograr el pleno empleo productivo para todas las mujeres y hombres y a una igual remuneración por trabajo de igual valor.

Sin embargo, es sabido, pese a los denodados esfuerzos de muchos, las brechas y desigualdades siguen existiendo. En el ámbito de la autonomía económica esto resulta de una claridad meridiana tanto si se analizan oportunidades de participación en el mercado, como de acceso al trabajo y por supuesto brechas salariales.

Es verdad que estás diferencias vienen desde hace décadas y se mantienen, pero también lo es que han crecido durante la pandemia de Covid 19. Ello obedece sin dudas a múltiples razones que van desde el aumento de las tareas de cuidado no remuneradas, a la mayor informalidad laboral en la que suelen desempeñarse las mujeres y la alta tasa de vulnerabilidad económica que las afecta.

Si el objetivo planteado es trabajar para promover la generación de empleo verde; gestionar de formas innovadoras; repensar el modo de “hacer” y proyectar un camino de transición que no deje a nadie atrás, la agenda de género debe estar presente, para hacer de este nuevo modelo de desarrollo laboral, una realidad más equitativa.

Es interesante entender que las brechas existentes no sólo afectan derechos  tutelados por todos los marcos normativos; sino que además implican el desaprovechamiento del enorme aporte que las mujeres podrían realizar al desarrollo sustentable de sus comunidades.

Cuando se discuten políticas de cambio climático, por ejemplo, se reconoce que las mujeres son quienes se ven más afectadas por sus efectos, y no sólo son víctimas, sino que además son agentes activos de cambio con conocimientos y destrezas de mitigación adquiridas durante años en actividades de cuidado. Es decir, tienen un conocimiento experto y diferenciado, sin embargo y aunque en los últimos años ha ido cambiando la mirada, la participación de mujeres en la toma de decisiones vinculadas al cambio climático es todavía escasa.
 
La denominada “transición justa” debería entonces incluir a las mujeres y aquellos que permanecen excluidos de la actividad económica y/o en condiciones desventajosas por cuestiones de género, no sólo como puntos relevantes en los temarios y agendas, sino con una participación activa en la toma de decisiones.
 
El proceso de transformación hacia una economía más sostenible requiere generar políticas, incentivos, dialogo y colaboración. Pero resulta fundamental que ese proceso transformador, esa transición, también sea justa y esto implica que sea inclusiva, no dejar a nadie atrás.
 
Un futuro más sustentable requiere de un sistema productivo eficiente, transparente, que no dañe el ambiente y que sea competitivo, pero para ello – no debe olvidarse - debe ser inclusivo.
 
Por Marisa SiboldiConsultora en Desarrollo Sustentable y Cadenas de Suministro, publicado originalmente en la revista Gerencia Ambiental, Media Partners de EnergyNet.