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Monica_55905 Jun 15

Un mal año en el que aprendimos buenas lecciones

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La naturaleza de las relaciones entre las comunidades y las empresas que trabajan junto a ellas sigue evolucionando a un ritmo vertiginoso, incluso más en este año de convulsión, incertidumbre y disrupción.
Pero en lugar de ver al 2020 como una aberración, este año podría pensarse como una ventana hacia un futuro en el que la incertidumbre, el cambio y la necesidad de resiliencia son circunstancias dominantes en lugar de excepcionales.
 
Definiendo resiliencia comunitaria
 
Entonces, comencemos esta reflexión con un vistazo a lo que hace que una comunidad sea resiliente. Es complejo, pero según la investigación sobre el tema, hay varios factores que sustentan la resiliencia de la comunidad. Entre los mismos se incluyen atributos como la vitalidad económica, la preparación para afrontar altercados y la presencia de instituciones sólidas para ayudar a gestionar el cambio.
 
También es importante un liderazgo local fuerte que pueda navegar a través de aguas turbulentas, al igual que la potencia de las redes sociales dentro de las comunidades, la capacidad de comunicarse dentro y entre estas redes de manera efectiva y la perspectiva mental de cada uno de los miembros de la comunidad.
 
La industria minera opera principalmente dentro y alrededor de áreas regionales remotas de Latinoamérica lo que agrega una complejidad adicional.
 
Si bien las comunidades mineras pueden estar acostumbradas a gestionar el cambio (convivir con un “auge y caída” de la industria es parte de su naturaleza) también pueden verse afectadas de manera más aguda.
 
Durante una caída del precio de los productos básicos, por ejemplo, las reducciones de personal significan que los empleados de la empresa minera, que también desempeñan roles clave de liderazgo dentro de la comunidad, puedan irse de la noche a la mañana. La capacidad de estos grupos para apoyar a sus miembros y a la comunidad en general también se ve disminuida justo en el momento en que esa cohesión es más necesaria.
 
Respuestas únicas para una pandemia
 
La respuesta al COVID 19 ha sido particular en los grupos sociales mencionados. La distancia física a la que se encuentran las comunidades de los principales centros urbanos, las ha aislado en gran medida de la propagación del COVID-19 y, al mismo tiempo, ha reforzado para algunos una sensación de aislamiento.
 
En nuestro trabajo con las respuestas ante la pandemia en las comunidades mineras en el 2020, hemos visto cómo se desarrolla esta complejidad. Las comunidades han confiado en gran medida en su propia capacidad para gestionar los desafíos de la pandemia a nivel local, pero albergan profundas preocupaciones sobre los complejos impactos que el virus provoca y seguirá provocando.
 
Específicamente, las comunidades mineras de los territorios latinoamericanos en que actuamos han manifestado de manera consistente que sus dos mayores preocupaciones son: la transmisión del virus COVID-19 a sus comunidades a través de los movimientos de personal y los impactos económicos de la pandemia a nivel local, sobre todo en lo que respecta a las pequeñas empresas
 
Resultados de los datos científicos del Programa Voces Locales en Latinoamérica muestran que la respuesta de las empresas mineras durante el COVID-19 fue reconocida por la comunidad y vista de forma positiva. La preocupación por la pandemia de COVID-19 se intensifica, al igual que los esfuerzos de las empresas por seguir apoyando a los grupos locales durante este periodo crítico.
 
 
 
Lo que aprendimos sobre la confianza y la capacidad de respuesta
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En conjunto, esto nos permite acceder a una interesante visión de los territorios latino americanos que vale la pena considerar en el contexto de la resiliencia comunitaria.
 
Durante esos primeros meses, digamos de marzo a junio, la incertidumbre fue mayor y nuestras vidas cambiaron drásticamente. Muchas empresas mineras iniciaron importantes fondos comunitarios o dirigieron considerables recursos económicos para apoyar y garantizar la seguridad de las comunidades, los proveedores y el personal, a través de pruebas de COVID-19, donaciones, programas de salud y la aplicación de regímenes y protocolos sanitarios.
 
 
Nuestro análisis de los datos de las encuestas comunitarias que estábamos realizando en ese tiempo nos mostró por qué: la calidad de las interacciones que los miembros de la comunidad tenían con el personal de la empresa mejoró considerablemente. Esto puede parecer extraño, dado que los eventos comunitarios se cancelaron y el contacto cara a cara con los equipos de participación comunitaria se suspendió de la noche a la mañana. Pero lo que esto en realidad significaba, era que dichos equipos se estaban comunicando telefónicamente con las partes interesadas de la comunidad, grupos, individuos y otras personas afectadas para registrarse y utilizar esos conocimientos a fin de guiar la entrega de apoyo financiero a nivel local.
 
La gran ironía fue que, con la emergencia sanitaria, las empresas mineras, y todos nosotros, nos vimos obligados a pensar de manera activa y diferente sobre cómo involucrarnos con las personas, lo que condujo a interacciones más profundas y auténticas.
 
Los niveles más altos de confianza también se asociaron con una distribución generosa y equitativa de importantes recursos económicos durante esos primeros meses, lo que se dice una equidad distributiva en la relación.
 
También quedó claro que, si bien el movimiento de personal (Fly-in, Fly-out y Drive-in, Drive-out) era para los miembros de la comunidad una preocupación real (que todavía persiste), ellos mismos también calificaron de manera bastante positiva los protocolos de seguridad de la empresa para gestionar este tipo de riesgos. Además, en un sentido muy concreto, los miembros de la comunidad podían ver que las empresas de su región escuchaban sus inquietudes y respondían de manera eficaz y rápida para mitigar el riesgo. La capacidad de respuesta de la empresa es siempre un fuerte impulsor de la confianza para la comunidad, tal y como hemos visto en muchos lugares.
 
Creando resiliencia duradera
 
Pero, ¿Qué tiene esto que ver con la resiliencia? ¿Cómo estos ejemplos y observaciones pueden hablar de la capacidad de las comunidades para seguir afrontando y manejando su camino a través de los desafíos futuros?
Para mí, en la forma en que muchas empresas mineras respondieron al COVID-19, se reflejaron algunas de las cualidades fundamentales requeridas para que crezca la resiliencia en una relación entre la empresa y la comunidad minera.
 
Por el lado de la empresa, es fundamental ver y comprender la naturaleza del desafío a través de los ojos de la comunidad. Este cambio de perspectiva no siempre es fácil, pero cuando conseguimos utilizarlo para guiar las comunicaciones, la planificación y las respuestas de la empresa, resulta verdaderamente potente. La distribución liberal y equitativa de los recursos ante una emergencia, es un factor clave para la resiliencia, al igual que demostrar un liderazgo fuerte y decisivo.
 
Lo que también pudimos advertir durante nuestro trabajo fue que la comunidad empezaba a ver a las empresas mineras de manera diferente. El COVID-19 produjo grandes cambios en muy poco tiempo, y pudimos observar cómo los miembros de la comunidad empezaban a reevaluar sus relaciones con las empresas que operaban a su alrededor, a verlas desde una nueva perspectiva.
 
Ya no se trataba sólo de empresas mineras, sino de una verdadera fuente de continuidad y tranquilidad que permanecía estable cuando la mayoría de las demás actividades económicas se detenían.
 
Los mismos tipos de mejoras se observaron en las calificaciones de las industrias agrícolas durante este mismo período y por los mismos motivos: aquellas industrias que podían continuar operando, proporcionando empleo continuo y generando actividad económica cuando muchas otras cosas estaban fallando, empezaron a considerarse “esenciales", cuando antes eras simplemente dadas por sentadas, sin apreciar el verdadero valor que agregan.
 
Pero, ¿Qué nos depara entonces el futuro? En mi opinión, a esta crisis le quedan todavía varios actos antes de regresar a cualquier tipo de normalidad; desafíos por venir para los cuales deberíamos prepararnos de manera significativa, utilizando el 2020 como un parámetro para identificar donde se encuentran nuestras fortalezas y debilidades, como:
 
— centrarse en los fundamentos de las relaciones, y no sólo en sus funciones. Es ahi, creo yo, donde las empresas y las comunidades mineras sacarán mayor provecho a la energía invertida.
 
— aferrarse a los beneficios que tiene la interacción auténtica y personal entre los miembros de la comunidad y el personal de la empresa para fortalecer lazos, mientras las empresas vuelven a “la normalidad.
 
Estos factores son los que hacen que todo lo demás sea más eficiente y efectivo ante una crisis o problema y permite que estos tiempos turbulentos creen verdaderas oportunidades a través del cambio.
 
La resiliencia de la comunidad es compleja, pero la pandemia de COVID-19 ha demostrado que cuando la situación se pone difícil, las relaciones importan. Mientras esperamos años más positivos, haríamos bien en reflexionar sobre cómo profundizar los vínculos entre la industria minera y las comunidades con las que opera.
 
 
Artículo escrito por Kieren Moffat – CEO Voconiq - publicado originalmente en español en la revista Gerencia Ambiental.
https://www.linkedin.com/in/drkierenmoffat/
 
Versíon español: Ana Lucia F. Santiago – Coordinación Voconiq Latam
https://www.linkedin.com/in/dr-ana-lucia-frezzatti-santiago-b2613086/
 
Voconiq Engagement Science Insights Austrália, actúa desde 2018 en la provincia de Santa Cruz, Argentina.
 
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